na vez no hace la costumbre... en lugar de pintar cuadros y retratos de perros detallados y perfilados, me entretuve ilustrando una de mis historias de caza, con dibujos libres, en forma de historieta.
Esta historieta presenta a mi jovencísimo labrador cazando con el pointer de mi amigo Jacques.
El perro de muestra observa con cierto desdén, por no decir con desprecio, al joven labrador revoltoso, cuyo éxito en la caza de la becada (y de la agachadiza) depende más de la suerte que de la ciencia cinegética.
¿A quién exaspera más esta suerte recurrente? ¿Al perro o al amo?
Así es, pues hace ya años que mi labrador tiene sistemáticamente más éxito que su compañero de caza. Y en cuanto a mis cuadros de caza de la becada, casi doblan el número de los de mi amigo Jacques .
Autor : Cyrille Jubert

Historia de perros de caza de becadas.

"Mimetismo"

Febrero 2002 -
Era final de temporada y, cansados de cazar siempre en el mismo extremo del bosque, Jacques y yo decidimos explorar el monte pequeño de Fourneau, al borde de la albufera.
Apenas habíamos traspasado la tapia que cercaba, en el primer grupo de zarzas, mi querido y pequeño Plume, aún torpe a sus seis meses, toma un rastro fresco y, con la nariz pegada al suelo, se adentra entre las espinas. "¡Flap!¡Flap!" Me levanta al vuelo una becada que sale disparada hacia el cielo. Abundaban los álamos, así que tras el primer aleteo, la hermosa "dama" se escabulle detrás de un tronco para impedirme tirar. Se lanza directa hacia la albufera en dirección a Jacques, al que prevengo al grito de "¡becada!" .
El ave zigzaguea entre los troncos que la ocultan de mi vista. Cuando descubre a Jacques, que sólo está a 50m de mí, la becada me olvida pues ahora sólo piensa en poner un árbol entre ella y el segundo cazador. Aprovecho la oportunidad en cuanto la tengo de nuevo a tiro. La becada se precipita y cae sobre la nariz de Jasper, el pointer de mi amigo .
Ambos están indignados con mi suerte, que siempre me acompaña. Plume fue de inmediato a buscar la hermosa "dama", haciendo incluso un rodeo de honor en torno a Jasper, que le mira por encima del hombro como pensando:
"¡Pfff! ¡Le ha salido de pura chiripa a este palurdo!"

Tras este rápido primer éxito, la búsqueda continúa un tanto penosamente pues los zarzales son impenetrables. Nadie se aventura nunca a cazar en este tupido bosque en el que los árboles caídos hacen casi imposible avanzar. Unos 800m más allá, el sotobosque es menos sucio. El bosque, a medio camino entre monte bajo y monte alto, es mucho más ancho.
De pronto, 100m a mi derecha, Jacques me grita: "¡muestra! ¡Ven rápido!"
Me precipito en su dirección, precedido por Plume, que ha comprendido enseguida que cuando se oyen esas palabras, una becada no anda lejos. El pointer adopta posturas dramáticas. Si la becada corretea por el suelo, él se agacha y empieza como a reptar de forma lenta y teatral; se diría que es un adepto del tai-chi en algún parque de San Francisco. Jacques, exultante, me enseña las magníficas actitudes de su perro, que de chucho no tiene nada. .
Plume llega a escena y pone su granito de arena. Inmóvil, y detrás del pointer , hace la muestra para no molestar a Jasper. Ante ellos, un matorral de zarzas de apenas dos metros de ancho pero de diez metros de largo. Jasper tiene un ojo en loas zarzales y otro en Plume, para asegurarse de que no le roba el momento de gloria.
Me aparto de Jacques para buscar un ángulo de tiro desde el bosque y paso al otro lado de las zarzas.
Plume aprovecha para dejar de muestrear y buscar la fuente directa de la becada. Al parecer, ha correteado sin que Jasper intentara seguirla y bloquearle el paso. El labrador ha rodeado el zarzal y anda a lo largo del matorral en dirección a la albufera cuando, de golpe, vuelve a parar. Tiene los ojos fijos en un punto entre las zarzas. Sé que está en contacto directo. Separo los pies, con la escopeta a la altura del pecho, preparado para el momento en que emprendiera el vuelo.
Por un momento parece que Plume se encoge sobre sí mismo, cual bola de energía a punto de explotar. Entonces, visto y no visto, se precipita al interior de la zarza aplastándola. Jasper, al igual que Jacques, considera que ésas son las formas de un mero alborotador, indigno de cazar la becada.
Pero Plume resurge de la zarza con la cabeza llena de espinas y la becada en la boca. Se le ve no poco orgulloso.
Igual que yo. Jasper se aleja con su paso ligero, prefiriendo hacer como que no ha presenciado el final de la escena. En cuanto a Jacques, se resiste a admitir que una becada se deje cazar así por un perro.
¡Pero las pruebas hablan por sí mismas! ¡Yo sostenía orgulloso la becada en mi mano!

Pero bien es cierto que las becadas no se dejan atrapar así por un perro. Cuando la desplumé descubrí que tenía un perdigón, uno sólo, en la articulación de una de las alas. Eso había bastado para que no pudiera echar a volar.
Nos enteramos de que el propietario había venido la semana anterior y había "fallado" a una becada en el linde del monte pequeño. Eso es lo que pasa cuando se caza con perros malos. Unos días más tarde, cuando le regalé esta historieta a Jacques, se rió y, tras leer los comentarios de Jasper, me dijo casi ofendido: "¡Bah! ¡Mi perro no piensa esas cosas!"
Pero tras un breve silencio... "¡Qué esperabas! ¡Era su becada! ¡Si no hubiera estado allí, no habría sido Plume quien la hubiera encontrado!"

No dije nada, pero al igual que Plume, en el fondo estaba exultante. ¡Lo digo como lo siento!

Reproduccion : pintura de Becada en bodegones
El refugio de las becadas

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