Retratos de Labradores Retriever
Como a vosotros, estoy seguro, a mí también se me cae la baba con mis perros. Tengo labradores desde hace casi 20 años. Primero tuve un labrador negro y ahora uno canela (los puristas no dicen "labrador blanco"). Aquí tenéis sus retratos y sus historias. También os presento un labrador chocolate, y todos los links con otros labradores protagonistas de otros cuadros.
Retrato de Labrador negro
Drakkar era mi labrador retriever . Nos habíamos dejado la piel juntos, tanto en batida como más tarde cazando la becada o la salvajina. La revista "Bécasse-passion" publicó una de nuestras aventuras, en la que contaba que mi labrador, además de un excelente retriever , era un extraordinario perro de muestra.

Así que es comprensible que quisiera pintar su retrato. El primer problema fue hacer la foto. En cuanto me veía con la cámara se ponía tímido y adoptaba actitudes totalmente ridículas. Para conseguir una foto le tuve que sorprender echando la siesta al sol. Preparé la cámara mientras dormía y le hice varias fotos en cuanto se despertó, antes de que le diera tiempo de reaccionar.

La segunda dificultad, y no por ello la menor, fue pintar un sujeto negro a la acuarela. Si utilizáis el negro de la caja de acuarelas, que generalmente es negro marfil, dará la sensación de que habéis hecho agujeros negros en vuestro retrato. Para que no ocurra esto, hay que crear un negro mezclando azul, rojo y amarillo. Dependiendo de las proporciones que utilicéis para cada color, obtendréis un negro más o menos violeta, verde o marrón. Jugando con los matices podréis obtener magníficos efectos de luz sobre el pelaje de vuestro perro.
Este retrato, de unos 35x45cm, está pintado con un pincel 3/0. Para los principiantes, 3/0 quiere decir que una pincelada tiene la anchura de un pelo aproximadamente. Teniendo en cuenta la densidad del negro y el tamaño del cuadro, esto representa mucho trabajo.
Si me hubiera parado a pensar antes de ponerme a pintar, habría pintado las patas de Drakkar primero... pero cuando terminé la cabeza me di cuenta de que el papel era demasiado pequeño. Qué tontería, ¿no?

Error de principiante. No hacía ni un año que me dedicaba a los retratos de perros.

Retrato de un joven labrador retriever
Cuando Drakkar, mi viejo labrador negro, empezó a arrastrar las patas en nuestras aventuras a la caza de la mítica becada, fui a ver a mi amigo Frédérique de Bellescize, que cría   magníficos labradores. Como un pintor siempre tiene que buscarse mil formas para pagar, hicimos un trato: le pinté un retrato de los border collies de su hija a cambio de un cachorro de labrador. Un bonito cuadro que podéis admirar en la página "retratos de perros".
Pero mi perro no estaba pero que nada mal. Cuando era un cachorro era tan blanco que parecía plateado. Únicamente la punta de la cola tenía un color ocre, como un pincel que hubiera sido mojado en un tintero de sepia .
Así que lo llamé "Porte-Plume" (portaplumas).
Es un nombre perfecto para un labrador ¿no?

Porte-Plume empezó muy joven con la caza de la salvajina en las marismas. Pinté un cuadro de él llevando su primera agachadiza, cuando sólo tenía 3 meses.

 

Retrato de mi labrador retriever
En este retrato, pintado en 2003, mi querido Porte-Plume tiene 4 años .
Si deslizáis el ratón sobre la imagen podréis ver un detalle de la cabeza y del trabajo de la tela. Si me está leyendo algún pintor, sabrá el tiempo y la paciencia necesarios para pintar esta tela a cuadros. Cuando terminé de pintar el sillón entero, con todas las líneas absolutamente impecables, tuve que recubrir lo que iba detrás del perro con un "jugo" sucio para volver borroso de nuevo ese plano, crear sombra y darle profundidad al conjunto. Me daba terror arruinar el cuadro entero, pero... ¡uf! Al final me salió bien la jugada.
Observad ahora el fondo verdoso, detrás del sillón: es una mezcla de acuarela "ensuciada" con tinta china. Es un truco que empleo a veces para hacer más opacos los fondos, "apagar la luz del papel" y así dar más relieve a los primeros planos.

Porte-Plume se sentó en el sillón porque se lo ordené yo, porque sabía que quedaría una foto maravillosa. Pero no se siente cómodo, porque toda la semana anterior le había prohibido acercarse al sillón. Alguien le llamó desde fuera, donde prefirió irse a jugar .
Entre el retrato de Martino, pintado en mis comienzos en 1998, y este de cinco años más tarde, la evolución es evidente si nos fijamos en los detalles.
La lección del viejo maestro
Aunque a algunos pueda sobrarles, voy a contaros una bella historia sobre retrievers.
Porte-Plume era un cachorro de a penas cuatro meses cuando, en una caza en las marismas de Martigny, uno de mis amigos me pidió que encontrara una agachadiza entre unos juncos muy sucios. Yo envié a mi viejo labrador, Drakkar, para ayudarle. Antes de ponerse en acción, Drakkar se volvió hacia Plume y le dijo mirándole a los ojos:
"Mira y aprende, pequeño". Entonces, tras localizar a mi amigo el cazador, comenzó a describir un círculo a su alrededor, con la nariz en alto para olfatear el viento. De pronto, una ráfaga le llevó el olor de la agachadiza. Volvió la cabeza bruscamente hacia el interior del círculo y se queda paralizado un instante antes de dar prudentemente unos cuantos pasos nada más. Entonces paró, con la cola tiesa y la nariz atenta. La agachadiza estaba ante él.
Plume, sentado detrás de él, no se había perdido detalle. Viendo que su profesor se había parado, se levantó y describió el mismo círculo siguiendo las huellas de Drakkar, paso a paso. Cuando llegó a la altura donde Drakkar había olido a la agachadiza, le imitó, levantando la nariz al viento, pero sin llegar a percibir olor alguno puesto que sus patas eran muy cortas. Pero se dio la vuelta y se puso detrás de su profesor, inmóvil haciendo la muestra. Sin tener siquiera que doblar las patas, el cachorro pasó entre las de Drakkar y se deslizó bajo su vientre. Cuando tuvo la cabeza bajo la de Drakkar, levantó considerablemente el morro, hasta tener la nariz a la altura de la del viejo labrador y ahí, de pronto, percibió el olor del pájaro. Todo su cuerpo se tensó y se paralizó, e hizo la muestra él también. El viejo labrador negro y el pequeño cachorro blanco debajo de él, inmóviles como estatuas: una imagen inolvidable, una visión magnífica que tan solo duró unos segundos. Inmediatamente, el nervioso cachorro pegó cuatro saltos con sus cortas patas y se abalanzaba sobre el pájaro para robarle toda la gloria a su profesor. Imaginaos lo orgulloso que se sentía cuando salió de entre los juncos, con la cola levantada, la cabeza bien alta y la agachadiza delicadamente sostenida entre sus dientes. Desfiló ante todos los presentes para mostrar que era un auténtico retriever . Vosotros que conocéis la relación entre los perros y sus amos, os imaginaréis lo orgulloso que estaba de tener un cachorro tan precoz.
Moraleja: no hay que esperar a perder un viejo compañero para buscarle sucesor. Suavizaréis sus últimos días dándole la alegría de enseñar todo lo que ha aprendido en la vida y presenciaréis escenas extraordinarias como ésta.
Si tienes gusto de mis cuentos de la caza, hay algunas historias ilustradas "aqu'"
Retrato de un Labrador chocolate
Sólo he pintado labradores chocolate dos veces, y las dos para el mismo cliente. El primer retrato aparecen representados dos niños jugando en el suelo con su perro, sus hijos. El segundo representa a su nuera con su perro. Tenía que hacer un retrato a lápiz, pero los ojos de tanto el perro como la mujer me parecieron tan interesantes que finalmente hice una acuarela .
La idea de base era fundir la cabellera en un fondo chocolate en consonancia con la capa del labrador, pero no pude terminarlo porque cuanto más denso era el fondo, más pálida parecía la mujer. Era una buena idea, pero quizá mas apropiada para un dibujo a tinta.

Tres interesantes detalles:

- misma mirada

- mismos reflejos en el jersey y la nariz


- mismo diseño para los ornamentos

El Labrador en Escocia
Pinté este perro por encargo de un cliente de una galería. El propietario, gran cazador y pescador, quería poder reconocer cada detalle del río en la lejanía, donde le gustaba pescar trucha. En el original, que era bastante grande, casi podríais haber visto saltar las truchas

Se observa un progreso en el decorado, que es menos monástico que más arriba

Los labradores en mis retratos de perros
Después de presentaros algunos retratos de perros, es el turno de los "cuadros de perros". El decorado, representado como una naturaleza muerta, nos presenta la pasión del amo. Aquí también aparecen de vez en cuando algunos labradores. Os recomiendo que sigáis la visita en orden.
Establecer un link entre vuestra web sobre labradores y el Museo del Perro