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Agosto de 2003. Cuando estaba exponiendo en Knokke,
una elegante mujer se paró en seco ante mis cuadros y me pidió
que pintara a sus perros. Era además una enamorada de los jardines,
por lo que me pidió que utilizara como escenario su propiedad
holandesa, cerca de Alemania. Cuando llegué a su casa, bastante
cansado por el viaje, no tenía las fuerzas ni la cabeza como
para construir el cuadro a mi manera. Si no, hubierais podido admirar
bellas herramientas de jardín, un bonito cesto de mimbre con
rosas recién cortadas y probablemente una capellina.
Pero estaba muy cansado y estresado... ¡Así es la vida!
No sabía que el periquito tenía que aparecer también
en el cuadro. Me lo pidió más tarde por teléfono.
Por suerte tengo una amiga que tiene varios y fui a hacerles algunas
fotos a su casa de Louveciennes. En cuanto a los perros, al border
terrier , que tenía 17 años, le costaba mantener
los ojos abiertos y no digamos ya mantenerse de pie, y la labrador
estaba incluso más gorda en la realidad que en el cuadro. |
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De todas formas decidí pintarlos como eran o casi, poniendo
el énfasis en el juego de luces y sombras del jardín
bajo el sol de septiembre.
Las flores no son mi especialidad, pero trabajé como nunca
para captar estas hydrangeas , todas de matices blancos.
Para contrarrestar, el tronco del manzano absorbe toda la luz. En
segundo plano, el follaje del bosquecillo es aún más
oscuro pero no obstante aporta luz por la oposición de las
manchas de luz pura que atraviesan una masa en la que la acuarela
y la tinta china apagan la blancura del papel.
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He aquí el viejecito,
el border terrier de 17 años. He reducido la cantidad
de canas para darle una segunda juventud, y le he rectificado un poco
las patas, torcidas por la artrosis.
El artista, médico de casos imposibles. 
Me siento bastante orgulloso del aspecto del banco de teca, desgastado
por el tiempo. Como seguramente os costaría contradecirme,
y más aún cortarme al hablar, aprovecho para añadir
otras cosillas ...
¡Os
habéis fijado en el contraste de luz y sombras!
Gracias por vuestro silencio aprobador...
? Para compensaros, os voy a dar un bonus... que en caso contrario
no hubierais apreciado. En el fondo, podéis ver un violeta-malva
que hace resaltar el amarillo ocre que está justo debajo...
soberbio, ¿verdad? |
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Este es
mi loro de Gabón, pero sobre todo fijaos en el excepcional
trabajo del cesto de mimbre. Se puede seguir el recorrido de cada
fibra de mimbre. Es una auténtica pesadilla para pintarlo,
pero al final esta esquina del cuadro habla por sí sola. .
En cuanto a las cucurbitáceas y otras coloquintas, vuestra
pantalla no es capaz de captar la luminosidad de su presencia. Pintarlas
es felicidad pura.
Como anécdota, os contaré que aquel día, en aquel
encantador pueblecito, había un concurso de calabazas. El pequeño
de la casa, de unos 10 años, empujaba una carretilla con una
enorme calabaza que seguramente pesara más que él.
Mira tú qué casualidad... acabo de ver mi firma en una
de las fibras de mimbre.. .
Vale, lo reconozco, aquí me he pasado un poco con esto de disimular.
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Y he aquí el cuadro entero.
Los colores no se ven tan luminosos como en el cuadro en sí,
pero podéis haceros una idea del conjunto.
El césped detrás de la labrador, iluminado por el
sol, está pintado de amarillo limón. Curioso, ¿no?
Parece verde.
He jugado con la intensa luz que acaricia el lomo de la labrador
y que me permitió, gracias a una ilusión óptica,
adelgazarla un poco.
.. ahora
que lo pienso, quizá por esta misma razón tantas mujeres
se echan tan ligeritas de ropa sobre la arena dorada de las playas.
No, no os enfadéis... sólo era una pequeña
broma. Me gustáis tal y como sois.
Volvamos a la labrador. El ojo sólo
ve lo que está en la sombra, atraído en primer lugar
por el border terrier y luego por el cesto. Y del labrador uno sólo
se queda con la mirada de perrote buenazo que tiene demasiado calor.
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